Semana Santa, mucho más que tradición

Después de una intensa semana cargada de emociones llega el momento de parar y reflexionar. Pienso en la Semana Santa que comienza. En esta Murcia pretérita y barroca. Esta Murcia cofrade, tierra de luz y de color, de aromas y de sentimientos, que en estos días resurge del silencio cuaresmal para anunciar a los murcianos la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Están muy nítidos en mi memoria aquellos amaneceres de Viernes Santo o de Domingo de Resurrección cuando mi padre, muy temprano, me levantaba junto con mis hermanos. Había que ir a ver la procesión. La calle se convertía en el altar mayor de la ciudad. Y en medio de aquella excitación, un niño, el niño que todos hemos sido, recibía la más importante lección de su vida.

En el tono de voz y en la expresión de quien me lo contaba, aprendía inconscientemente el papel que cada uno jugaba en la historia santa, quién era bueno y quién de poco fiar o decididamente malo; quién era cobarde y quién generoso; quién significaba poco y quién era el protagonista de aquel colorista retrato. Cristo, Pedro, el Cirineo, la Verónica, Pilatos, los sayones con sus bigotes felinos y sus azotes.

No faltaban los ‘porqués’ incansables y hasta exasperantes para quien tenía que contestar a todo aquello ¿Y por qué lo azotan? ¿y por qué lo llevan atado? ¿y por qué si era bueno?

Solamente cuando Jesús Nazareno, Jesús clavado en la cruz, pasaba junto a nosotros, cesaban las preguntas, se hacía el silencio, nadie hablaba, enmudecía el bullicio y el niño entendía que la cumbre de la Redención pasaba junto a nosotros.

Ahora quiero detenerme, volver la vista atrás y recordar con todo a quien ya no está conmigo, a todos aquellos que ya no están con nosotros, pero que un día nos llevaron de la mano a ver el desfile, nos sentaron en sus rodillas, nos hablaron dulcemente al oído y nos enseñaron lo más trascendente que hemos aprendido en nuestra vida.

Fueron nuestros padres, pero no fueron solamente ellos. Nuestros padres recogieron el testigo de generaciones y generaciones de murcianos que con pasión, fe y caramelos supieron transmitirlo a sus hijos, igual que yo he tratado de transmitírselo a los míos.

Murcia debe crecer, avanzar, progresar. Pero debe hacerlo desde sus raíces, sabiendo quiénes somos y lo que hemos sido; sin despreciar nuestra cultura, conociendo nuestra historia y mimando nuestras tradiciones.

Murcia merece que vivamos esta fiesta esplendorosa de fervor y recogimiento que durante siglos ha llenado las calles de la ciudad, recogiendo el testigo de aquellos que nos precedieron y dejándonos inundar, una vez más, por la Pasión... Por la pasión por Murcia.

 

José Ballesta

 

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Comentarios: 3
  • #1

    Ela Harwood (jueves, 02 febrero 2017 16:58)


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